lunes, 28 de julio de 2014

ANIBAL BARCA (247ª.C.-183 a.C.) PARTE 5ª y ÚLTIMA


Ruinas de Éfeso

Mientras Aníbal estaba en Éfeso, sirviendo al rey Antíoco, ocurrió un hecho singular, uno de esos momentos de la historia en los que me hubiera gustado estar presente, lo mencionan los historiadores Plutarco y Apiano, os lo voy a contar: en el año 193 a.C. el Senado de Roma envía a Publio Cornelio Escipión “El Africano” en una misión diplomática ante Antíoco III Megas, cuando llega a Éfeso el rey Antíoco no está, la embajada romana tiene que esperar varios días, un día El Africano decide pasar por los baños públicos a realizar sus abluciones, ya a la puerta de los baños se entera de que Aníbal está dentro, manda que le comuniquen a Aníbal su presencia y si autoriza su entrada, de inmediato sale un sirviente y le comunica que su señor le espera para compartir con él los baños. La escena debió de ser maravillosa, los dos grandes generales, enemigos mortales pero sintiendo entre ambos mutua admiración y respeto, compartiendo la piscina de los baños de Éfeso, y, según las crónicas, con numerosos espectadores que guardaban un silencio sepulcral. En un momento determinado, hablando entre ellos sobre las cualidades y competencias que debían de poseer los generales, Cornelio Escipión le preguntó a Aníbal: “Cual es, según él, el mejor general de la historia”, a lo que Aníbal contestó: “Alejandro Magno”, Escipión estuvo de acuerdo, él también ponía a Alejandro el primero, de seguido le volvió a preguntar a Aníbal: “A quién colocarías a continuación” y éste le contestó: “A Pirro, porque considero que la primera virtud de un general debe ser la audacia” y añadió “me sería imposible encontrar a dos reyes mas atrevidos que ellos”. Escipión se sintió algo molesto con esta respuesta, era tanto como decirle la falta de audacia, y hasta la cobardía, que había visto en los generales romanos a los que se había enfrentado, que disponiendo de ejércitos regulares superiores al suyo, habían carecido de la audacia para hacerlo, lo cual picó un poco al Africano que volvió a preguntarle: “Y a quien colocarías en tercera posición”, ahora Escipión esperaba que le concediera ese puesto a él, que había sido capaz de derrotarle en Zama, pero Aníbal le respondió: “Yo mismo, en mi juventud he conquistado Hispania, he atravesado los Alpes con un ejército, hechos que han sucedido por primera vez desde Heracles, he atravesado Italia y habéis temblado de terror, obligándoos a abandonar cuatrocientas de vuestras ciudades, a menudo he amenazado vuestra ciudad con extremo peligro, y todo ello sin recibir dinero ni refuerzos de Cartago”. Ante tal exhibición de sus hazañas, Escipión, riéndose, le preguntó: “Aníbal, ¿En qué posición te colocarías si no hubieras sido derrotado por mí?”, el cartaginés le contestó: “En ese caso me habría colocado por delante de Alejandro”. Sencillamente genial, su autoestima era inmensa y fundada en muchas victorias. A continuación pidió a Publio Cornelio que fuera su invitado hasta que llegara Antíoco. En las negociaciones que mantuvo Cornelio Escipión con Antíoco III Megas, no se llegó a ningún acuerdo. Después de la derrota de Antíoco contra los romanos en la Batalla de Magnesia (190 a.C), Aníbal temiendo ser entregado a los romanos en el acuerdo (paz de Sardes) que estaban negociando con Antíoco, decidió huir del territorio seléucida. Durante tres años los historiadores no se ponen de acuerdo en dónde estuvo, al parecer fue a Creta y luego al reino de Armenia.
Rey Prusias I de Bitinia

          En el año 186 a.C. se puso al servicio del rey Prusias I de Bitinia, que estaba en guerra con el rey Eumenes II de Pérgamo, aliado de Roma. El rey lo nombró comandante de la flota de Bitinia, aquí mostró una vez mas su genialidad y esta vez en el mar, en una batalla naval contra la flota de Pérgamo. Sus barcos iban cargados con ánforas de arcilla perfectamente taponadas, cuando se acercaron a los barcos enemigos, Aníbal ordenó lanzar las ánforas sobre las cubiertas del enemigo, al romperse, ¡¡horror!!, se esparcieron decenas de alacranes y serpientes  venenosas que sembraron el pánico y el desorden en las tripulaciones enemigas, mientras sus arqueros diezmaban a los contrarios y sus tripulaciones aproaban a los barcos enemigos hundiéndolos. La victoria fue total. Fue el primero en descubrir la “guerra biológica”. Antes de embarcar a sus soldados y siguiendo sus ordenes, se pasaron muchos días por el campo recogiendo alacranes y serpientes que los puso en jaulas y “a dieta” para que llegado el momento las alimañas  estuvieran mas agresivas, antes de embarcar las metieron en las ánforas. Con lo cual logró dos objetivos: tener a la tropa ocupada, en vez de estar ociosos, peleándose y bebiendo por las tabernas, al tiempo que disponía de una nueva arma para vencer al enemigo. Fue su última hazaña que pasó a la historia.
         En el invierno del año 183 a.C, Aníbal se había convertido en un huésped incómodo para el rey Prusias I, que estaba negociando con Roma un acuerdo, tenía claro que el rey lo iba a traicionar, no estaba dispuesto a permitir que lo entregara al embajador romano, al mismo tiempo estaba ya cansado, ya tenía 64 años, y no se sentía con fuerzas, ni ilusión, para seguir buscando adonde ir para luchar contra Roma, tampoco quería seguir huyendo de los romanos. Residía a orillas del mar de Mármara, en su costa oriental, aunque el invierno ya estaba avanzado, hacía una tarde apacible y decidió subir a la azotea a contemplar la puesta de sol sobre el mar, lo hacía muchas tardes. Antes mandó a todos sus sirvientes que se fueran y lo dejaran sólo. Cuando la guardia del rey llegó para apresarle lo encontraron tumbado en la terraza de la casa, de cara al mar de Mármara, estaba ya anocheciendo y Aníbal estaba muerto. Siempre había llevado un anillo en la mano que contenía veneno, y esa tarde vio llegado el momento de abrirlo y utilizarlo, desde siempre tuvo decidido el no caer vivo en manos de sus enemigos.
        Con su muerte desaparecía, sin duda, el mayor enemigo al que se enfrentó la República de Roma, por él los romanos conocieron el significado del miedo. Tuvo en su mano cambiar el curso de la historia y no lo hizo, nadie sabe el porqué, él murió sin dar mayores explicaciones. Al final, para bien o para mal, tenemos que agradecerle que somos quienes somos gracias a que no lo hizo. La historia y la cultura de todo el mundo occidental actual hubiera sido otra.
      El destino, caprichoso, quiso que el mismo año, su mayor enemigo y el único que fuera capaz de derrotarle, Publio Cornelio Escipión “El Africano”, muriese en Roma con 53 años de edad.   
Mar de Mármara


FIN

1 comentario:

  1. Leí todas las partes y la verdad que quedé asombrado. Muy buen resumen de la historia de Aníbal. Leí la trilogía de Santiago Posteguillo sobre Publio Cornelio Escipión y por momentos estaba dentro del libro. Felicitaciones.

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